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Rama de Madres

Cada año renovamos las gracias y recibimos lo necesario para transitar por los caminos que Dios nos tiene preparados. Y a esas gracias habituales, hoy Dios nos regala recibir gracias especiales por la celebración de los 50 años de la bendición de nuestro Santuario Nacional. Nada ocurre por casualidad; ante las experiencias de desvalimiento, de la incertidumbre en el plano de la salud, de lo laboral, del futuro de la patria, Dios parece querer decirnos: “Yo estoy con ustedes”.

Con el lema jubilar “SANTUARIO ERES MISIÓN”, la Familia de Schoenstatt quiere agradecer todas las bendiciones que Dios nos ha regalado en su paso por estas tierras ecuatorianas y reconocer además que este tiempo es una oportunidad para reconquistar la fraternidad, para la conversión, para la renovación y para la esperanza. Además, podemos contar este año también, con las gracias del Año de San José declarado por el Santo Padre en la Carta Apostólica Patris Corde.

Como Rama de Madres queremos renovarnos sin dejar de lado los fundamentos esenciales de nuestros orígenes; de tal modo, que haya una nueva fundación con la fuerza y el heroísmo de las primeras, a quienes nos dedicaremos a conocer con mayor profundidad para llenarnos del misterio de la Alianza de Amor que ellas hicieron vida y así nosotras también poder llevar este tesoro a los demás, anunciarlo en cualquiera que sea la situación o circunstancia en las que hoy estemos viviendo.

Nos acompaña en esta tarea, nuestro hermoso lema de este año, con el acento de nuestra rama de madres: “CON EL ESPÍRITU SANTO, AUDACES POR LA MISIÓN” y que nos mueva el Espíritu de Dios, en el amor de la hija al Padre, que busca siempre de nuevo darle una respuesta de amor con el heroísmo de la generación fundadora y con la responsabilidad de que lo que estamos construyendo hoy, repercutirá en la generación de los próximos cincuenta años.

Nuestra gratitud ha de expresarse en el compromiso de cada hija de la Rama a asumir la herencia de las primeras, a vivir según ese espíritu y plasmarlo en la realidad familiar, social, laboral, eclesial y de país en la que nos toca desenvolvernos y aportar. Como diría nuestro Padre y Fundador: haced vuestro lo que vuestros padres conquistaron para ustedes. Es decir, hacer nuestro el tesoro del Santuario para regalarlo a la siguiente generación en forma renovada.