Ideal Nacional

Nuestra identidad como familia Ecuatoriana

En los primeros cincuenta años de historia hemos ido acogiendo y descubriendo el paso de Dios en nuestra historia y la herencia de nuestro Padre y Fundador en ella. No ha sido un trabajo tan racional y organizado, pero la conciencia de nuestra identidad ha surgido en forma vital y la tenemos clara, es el hecho de ser Familia consagrada por el Padre en la patena.

Es un camino que hemos recorrido como Familia desde los inicios: crecimos interactuando con él y con el anhelo de responder a una cultura en la que la figura paterna está ausente. Ser familia a imagen de la Santísima Trinidad fue también un anhelo siempre presente pues nos reconocemos con una riquísima piedad trinitaria plasmada en el arte pictórico y arquitectónico del barroco colonial de la escuela quiteña.

Somos Familia consagrada porque nuestra fuerza es ser consagrados por el Padre Fundador sobre la patena. Este hecho nos confiere una vocación de consagración, eucarística, que es también nuestra misión de cara al Ecuador, primer país consagrada al Corazón de Jesús.

“Ella es la encarnación plena de nuestro ideal porque fue una auténtica HIJA y a la vez MADRE, diaconisa que preparar la Ofrenda, la porta y la consagra en la patena de su corazón desde la Anunciación hasta el Gólgota y Pentecostés. En la Anunciación la vemos como esa hija consagrada a la voluntad del Padre pronunciando el Fiat a su Plan de Salvación. En la cima del Gólgota Ella es la PATENA VIVA que presenta a su Hijo, la ofrenda del Sacrificio, por la redención del mundo. En Pentecostés Ella actúa como forjadora de familia, la Madre que congrega a los apóstoles en la oración, implorando para la iglesia joven el fuego del Espíritu Santo. Desde el Santuario, María nos llama a vivir en la patena de la ofrenda y desde allí nos envía como instrumentos de transformación, de consagración de nuestra sociedad, apóstoles forjadores del Reino mariano del Padre en Ecuador.

PADRE:

Nuestro Padre y Fundador nos conoció como Familia ecuatoriana, se interesó por nosotros, estuvo permanentemente informado de nuestra fundación, y que culmina con este gesto maravilloso de consagrarnos en la patena que un grupo de juventud le mandó de regalo (ver historia).

El Padre Hugo Vásquez interpreta este hecho:

“Para nosotros los cristianos católicos, la patena es el lugar donde se da – con la palabra del sacerdote- la presencia verdadera de Cristo eucarístico: “Haced esto en memoria mía”. Y es interesante que la Familia de aquel entonces le haya enviado al Padre la Patena. ¿Pero por qué le regaló justamente una patena? Creo que expresaba el anhelo de estar muy cerca de él, en las manos del Padre y en la palabra del Padre….. Y el significado de este regalo al Padre, es que él es el PADRE DE LA FAMILIA y al regalarle a él nuestra realidad en la patena, estamos haciendo un ofrecimiento de nuestra identidad, de nuestra riqueza, de nuestra pobreza, de nuestra realidad, de nuestros desafíos. Y por eso es que el Padre nos devuelve la patena, para que tengamos nosotros la conciencia de que él no se ha ideo de nuestro lado, sino que permanece siempre. Y que somos su Familia consagrada y nos sigue consagrando”.

Así en el 2011, después de haber celebrado nuestros primeros 50 años, en Jornada nacional, se definió el ideal:

“FAMILIA DEL PADRE – CONSAGRADOS EN LA PATENA”

Esta identidad implica una gran y hermosa misión frente a la Iglesia y al mundo. La familia, el padre y la consagración son nuestra misión. Como Familia consagrada por el Padre, consagramos desde el santuario a la Patria y al mundo. Esta misión nos invita a dejarnos usar como patenas vivas; en la patena recogemos el dolor, alegrías y luchas de tantos hermanos nuestros. Esta misión nos invita a cultivar virtudes propias de tal vocación, asumiendo un Estilo de Vida en relación a la familia, a los vínculos en todos los ámbitos en que nos desenvolvamos. Queremos ser ofrenda permanente, esto nos lleva a recordar las palabras de la Misa final del Hacia el Padre: “Desde el altar nos dirigimos Señor, a dar tu rostro a la vida cotidiana…” lo que es un llamado permanente a llevar la misión de la Nueva Evangelización en el Tercer Milenio.